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Disraelí E. Ángel Cifuentes

¿En qué violenta un estudiante si durante una clase voltea a ver su reloj?

¿Perturba al grupo o sólo al docente?

¿Es admisible que un estudiante de una universidad particular sea sacado del aula de clases, por las que paga mensualmente, sólo por voltear a ver la hora de su reloj?

Sea cual sea su respuesta, querido lector o lectora, esto le ocurrió en Chiapas, en la Universidad Salazar, a un joven estudiante.

Enfurecido el docente por percibir que su alumno estaba un poco distraído, le hizo una pregunta: “A ver, fulanito de tal, explícame lo que acabo de decir”.

Y el muchacho no supo, no pudo, o quizá, de plano, no había escuchado por andar distraído, pensando en quién sabe qué, sean preocupaciones de joven, de adulto, alguna cita muy próxima, lo que sea. Pero no supo decir lo que su maestro acababa de explicar.

“Fulanito de tal, salga del salón por favor”, le dijo el maestro, con cara de pocos amigos, y va para fuera.

El estudiante, más tarde, explicó a sus compañeros de aula que no era justo, que no estaba viendo su reloj, sino rascándose una pequeña escoriación en su mano, y hasta contó la historia de la escoriación.

Nadie, por cierto, hizo algo a favor del estudiante expulsado, ni quien esto escribe. Todo el grupo se quedó sin respirar largo rato, hasta que el compañero abandonó el aula, luego de levantar sus útiles.

La solidaridad hacia el compañero de grupo no apareció jamás, de parte de nadie. Insisto, ni de parte de quien esto escribe.

El clima de terror instaurado se podía medir por el silencio absoluto que reinó mientras el alumno distraído salía del aula de clases. Se oían sus pasos, en una transición eterna.

En la Universidad Salazar, pues, no existe el derecho a mirar un instante el propio reloj. Para este docente, es violatorio de alguna parte del reglamento escolar el voltear a mirar la hora.

En su mente dictatorial quizá corran pensamientos como el que sigue: “Vienes a tomar las clases que yo doy, tu obligación es mirarme fijamente mientras explico, si volteas a ver hacia otro lado significa que no te interesa, por lo tanto es idéntico que estés dentro o fuera del salón, pero aunque sea lo mismo más vale sentar un precedente para que nadie más, nunca más, haga lo mismo. Va para fuera, joven, ahorita estoy explicando”.

Ahora bien, no se trata de satanizar a un docente, que tiene nombres y apellidos, porque el objeto de la denuncia no es que lo sancione el patrón para quien trabaja. Se busca que la Universidad Salazar corrija, sin necesidad de enfrentarse a un conflicto laboral. Basta tomar medidas preventivas.

Pero la medida no consiste únicamente en ir a pedirle a su catedrático que no expulse al estudiantado sólo por mirar su reloj. No, porque no resuelve el problema de fondo. Al rato aparece otro docente muy infeliz o malhumorado o con personalidad de dictadorzuelo y vuelve a hacer lo mismo.

Por lo tanto de lo que se trata es de tomar las medidas pertinentes para que nadie incurra en ese tipo de arbitrariedades. Nadie, en ningún aula, de ningún campus. A menos, claro, que consideren justificable, fundamentado y didáctico que un docente tome ese tipo de medidas ante situaciones similares.

La medida a tomar es sencilla: prohibir las arbitrariedades del o la docente frente al aula, y hacerlo mediante su propio reglamento.

Es importante insistir en el objeto de la denuncia, que ni siquiera es dañar el nombre de la Universidad Salazar.

El objeto es corregir el sistema, igual a corregir el rumbo, y no sólo es el rumbo de la institución, quien ganaría mucho instaurando un estado de derecho en su interior, sino el futuro de esa juventud y de la propia entidad.

Lamentablemente, docentes dictatoriales los hay en todas las universidades, sean oficiales o particulares, y debemos ir caminando hacia mejores horizontes.Fsur.

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