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Sacaron a pasear a Whoopie. Y a nosotros con ella.

Mi papi quiere que Whoopie aprenda a no escapar de la casa tan pronto vea la puerta abierta.

Porque ella aprovecha cualquier descuido para abandonar la casa e irse a caminar sola a donde su olfato le dicte.

Y a su mami humana le cuesta mucho darle alcance.

Entonces mi papi cree que dejarle la puerta abierta y darle chance que salga y vaya a donde quiera va a ayudarle.

Y, sí, está dando resultados.

La Chow Chow sí sale disparada pero se le puede dar alcance muy rápidamente y no tan lejos.

Por eso mi papi dijo: «Wero Valentín, vámonos», tomó una correa, se la puso a Whoopie y abrió la puerta.

Y allá nos fuimos.

A oler orines de perros y perras. Y a orinar donde otros perros han orinado.

Pero Whoopie se cansó luego.

Entonces mi papi cambió la ruta.

Decidió ir a un lugar donde a él le gusta ir a caminar porque tiene dos fuertes pendientes para que haya mayor demanda física para su cuerpo.

Además, no pasan carros, pues es una vereda.

Ahí estuvo vueltas y vueltas, una hora.

Cuando ya íbamos de regreso a casa llegaron unos vigilantes de barrio con unas macanas. Los vecinos del barrio San Miguel nos habían reportado como seres peligrosos. Y fueron a investigar.

La Arenita, para acabarla de amolar, quiso atacar a los vigilantes.

Pero no pasó a mayores.

La gente de ese barrio está bien organizada.

Yo, además, sólo me dediqué a oler a los vigilantes, pero siempre vigilando que no tocaran a mi papi.

Fue un buen día, por la caminata. Si nos siguen dando estas caminatas voy a bajar de peso.

Aunque quién sabe. Soy muy comelón de croquetas. Fsur.

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