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Este ocho de marzo no debemos olvidarnos de las monjas. Ellas también son mujeres.

El Nuevo Testamento las tiene bajo el yugo de los machos clérigos de Roma.

Timoteo lo ordenó así:

La mujer debe estar sometida al hombre, ser sumisa, no expresar su opinión, mantenerse en silencio permanente, callar los abusos del marido, y todo por una razón muy sencilla:  Adán fue formado primero, Eva después.

El machismo mexicano tiene bases bíblicas, y por ahí se debe comenzar, por su gran influencia, pero el machismo de los jefes en el Vaticano es mucho peor todavía, y el feminismo lo debe retomar.

Algunas monjas ya elevaron su voz, por fin, y hay que hacerles eco.

«Tu Iglesia crucifica mujeres cada día, el feminismo las resucita», decían las monjas embarazadas de Bolivia mientras policías las agredían.

Porque el colmo de los colmos es que los párrocos, obispos y cardenales usen a las monjas como esclavas en el Vaticano, como lo publicó

‘L’Osservatore Romano’

»Algunas monjas se levantan a la madrugada a preparar el desayuno para los clérigos y sólo se van a dormir “una vez que han servido la cena, ordenado la casa, limpiado y planchada la ropa”, dijo el diario.

Allá las mujeres valen menos que los hombres, pero especialmente  un cura vale todo mientras  una monja vale nada para la Iglesia. Fsur.

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