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Comparan a Andrés Manuel López Obrador con Donal Trump. Sacan lo peor de Trump. Y dicen que ambos son iguales.

Comparan a Andrés Manuel López Obrador con Hugo Chávez, el de Venezuela. Sacan lo peor de Chávez. Y dicen que ambos son iguales.

Comparan a Andrés Manuel López Obrador con Vladimir Putin. Sacan lo peor de Putin. Y dicen que son iguales.

Comparan a Andrés Manuel López Obrador con Nicolás Maduro. Sacan lo peor de Maduro. Y dicen que son iguales.

Si vivieran Sadam Hussein, Fidel Castro, José Stalin, Benito Mussolini, Adolf Hitler  y Augusto Pinochet, harían lo mismo: Comparar a Andrés Manuel López Obrador con cada uno de ellos, sacar lo peor de cada uno, y decir que AMLO es igualito a ellos.

El trabajo de los especialistas en guerra sucia es buscar entre los políticos de todo el mundo lo más sucio entre lo negro y decir en la televisión que AMLO es igualito a ellos.

No les importa caer en contradicciones infantiles, porque alguien no puede ser de izquierda y de derecha a la vez. Pero confían en que las mexicanas y mexicanos somos gente estúpida, y que vamos a creerlo todo.

Cierto, habrá quienes quizá caigan en ese juego sucio, pero no la inmensa mayoría. Veinticinco o treinta  millones de compatriotas no vamos a ser engañados y  no podemos estar equivocados. Fsur.

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