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En Chiapas, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) trabajan a todo vapor en una labor que parece interminable: la reconstrucción del patrimonio cultural desfigurado por el sismo del 7 de septiembre.

A poco más de tres meses del terremoto que dañó con severidad más de una centena de templos ubicados en la mayoría de la comunidades de esa entidad, los vecinos tratan de continuar con su vida cotidiana. Pero les cuesta no poder entrar a sus iglesias, tener que escuchar misa en la calle y admitir que la restauración llevará incluso años.

Si bien muchas fachadas están en pie, dentro de los recintos el desastre es patente: columnas y cúpulas sostenidas por andamios, órganos históricos reducidos a escombros, plásticos cubriendo los altares, un fuerte olor a humedad y tristeza, “y eso que ya pasó lo peor, pues después del terremoto, sufrimos los estragos de lluvias torrenciales, ¡cuando la mayoría de los techos estaban derrumbados!”, explica a La Jornada la restauradora Haydée Orea.

Horas después del temblor, recuerda, ella y sus colaboradores corrieron para conseguir cualquier material para cubrir los retablos y pinturas sobre los que caían ríos de lluvia. No se consiguió proteger todas las piezas, por lo que en varias obras de arte se aprecian hoy las huellas del escurrimiento de agua.

Luego de tres meses se ha realizado un poco de limpieza y está por concluirse un primer inventario de los daños. Serán 122 monumentos afectados (94 de ellos son templos religiosos) en 17 municipios de los Altos de Chiapas, incluida la Catedral de San Cristóbal de las Casas, los que se someterán a restauración.

Trabajará en ello el equipo encabezado por Orea e integrado por Nayeli Pacheco, Abril Buendía, Ana Rosa Toca, Rosa García, Ana Tirado, Francisco Jiménez y Carlos Cañete, quienes aguantan la urgencia de los feligreses que a veces no comprenden que no se trata sólo de echarle yeso a una pared o utilizar pegamento para unir las partes rotas de una imagen.

La restauración del patrimonio nacional requiere trabajos especializados y recursos. De acuerdo con datos de la Secretaría de Cultura federal, en Chiapas el costo estimado para llevar a cabo el Programa de Rehabilitación del Patrimonio es de al menos 659 millones de pesos, dinero que comenzará a fluir una vez que lo liberen los seguros contratados por el INAH, el Fondo de Desastres Naturales y algunas instancias privadas.

La labor más pesada, cuenta el sociólogo Cañete, no ha sido recoger cascajo, colocar vigas o sacudir el polvo, ni siquiera convencer a comunidades enteras de que el temblor no fue un castigo divino. En muchos lugares, los pobladores no quieren que ningún fuereño se acerque a sus templos, aun cuando sea para rescatar a los santos patronos.

Por eso, añade, “la reconstrucción de los bienes históricos en Chiapas será compleja. Para los diversos grupos étnicos de la región esos monumentos tiene otro sentido y relevancia, son el centro de su vida. Lo que sucede en las iglesias rige la dinámica social de comunidades que pueden ser urbanas, rurales, campesinas o indígenas; entonces, cada una requiere atención y estudios distintos, así como propuestas de restauración y conservación específicas”.

Hay lugares en los que las iglesias dañadas siguen funcionando, aun cuando las recomendaciones de protección civil indican que los inmuebles ya no deben usarse. Pero los feligreses siguen llevando a cabo ahí sus liturgias, “como en Tenejapa, donde asumimos el riesgo con ellos, entramos al templo aun cuando es riesgoso porque es importante conocer sus tradiciones y prácticas para poder brindarles alternativas pertinentes de conservación”, explica el sociólogo.

En San Andrés Larráinzar sucede lo contrario, continúa, “al inicio hubo resistencia de que participáramos. Los convencimos poco a poco. Ahora, cada vez un restaurador acude a inspeccionar sus imágenes o a hacerle una restauración de emergencia, la comunidad tiene que hacer una breve ceremonia previa para solicitar permiso al santo, pero también para pedirle perdón. Fsur.

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