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San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. – El obispo Rodrigo Aguilar Martínez, visitó hoy los campamentos de las montañas del estado mexicano de Chiapas donde permanecen cientos de indígenas desplazados por la violencia.

Aguilar, quien realiza su primera gira pastoral por los Altos de Chiapas (sur del país), fue recibido por más de doscientas personas que le colocaron collares de flores y le ataviaron con el traje regional, como señala la tradición.

A continuación, el obispo fue acompañado con música hasta una parroquia en la que celebró una misa en compañía de los desplazados del municipio de Chalchihuitán.

El pasado octubre, 5.000 indígenas de Chalchihuitán huyeron de sus casas por la violencia desatada a raíz del conflicto agrario que enfrenta desde hace 40 años a su población con el municipio vecino de Chenalhó.

Pese a que ya se ha dado el regreso de unas 3.800 personas, en los campamentos todavía quedan, viviendo en condiciones precarias, pobladores desplazados que afirman que en su comunidad continúan el acoso y los ataques de los grupos armados.

Durante la misa, el obispo escuchó el sufrimiento de hombres y mujeres que le pidieron ejercer como portavoz para que el gobierno del estado y el federal los escuchen y pongan fin al conflicto.

“Llevamos días, meses, sufriendo con miedo, viviendo con miedo, enfermándonos con miedo, no tiene caso que estemos así sufriendo”, expresó María Pérez, quien denunció la inacción de las autoridades del estado.

Las condiciones de los que decidieron permanecer desplazados son extremadamente duras, en chabolas construidas con palos y cobijas, donde han fallecido al menos 11 personas por el hambre y el frío desde que comenzó la crisis.

Otro de los desplazados de Chalchihuitán, Ausencio Pérez, agradeció al obispo su visita y exigió al gobernador del estado, Manuel Velasco, que “dé una solución” a la comunidad.

Aguilar dijo estar consternado por el sufrimiento que están pasando los damnificados, por lo que llamó al entendimiento para recapacitar y establecer el Estado de Derecho, la justicia y la paz.

Al término de la misa, el obispo y miembros de la organización humanitaria Cáritas repartieron víveres y juguetes a los niños.

Luego hicieron un recorrido por la zona de Majom Mepentik, donde fueron quemadas y tiroteadas las casas de once familias de la comunidad que hoy viven en los campamentos de las montañas. Fsur.

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