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Frontera Comalapa, Chiapas. – Que no se olvide la muerte de Jesús Alaín Anzueto Robledo.

Que no se entierre su memoria.

Que no se olvide que fue masacrado. Que lo asesinaron dos militantes priistas de Comalapa.

Que no se olvide que detrás de esos asesinos materiales hay un asesino intelectual. O quizá dos. No lo sabemos aún.

Que no se olvide la pérdida de una vida humana, de un hombre entregado de lleno a la política.

Los priistas comalapenses perdieron a un alcalde, pero volverá algún día a la libertad y a la política. Cuando purgue su pena.

Pero Alaín ya nunca volverá a su pueblo ni a su casa. Ya no lo verán sus padres, ni sus hermanos, ni su esposa, ni sus hijos, ni sus amigos. Nadie.

Quien mata o manda a matar no puede ser héroe. Quien da la vida por una causa sí lo es. Y Alaín murió por la política.

Que no se entierre su recuerdo.

No es necesario tomar la presidencia ni incendiar una farmacia para exigir justicia por el homicidio de Jesús Alaín Anzueto Robledo.

No es necesario tomar las calles ni apedrear policías para exigir justicia.

La justicia toma su causa por oficio. Es su obligación.

Pero no por eso debe quedar su recuerdo en el olvido. Fsur.

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