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Disraelí E. Ángel Cifuentes

Si es cierto que el alcalde Marco Cancino no le dio las llaves de la ciudad de San Cristóbal de Las Casas al Papa, qué bueno. No violó ninguna ley.

Si es cierto que el alcalde Marco Cancino no le dio las llaves de la ciudad de San Cristóbal de Las Casas al Papa, por ser el político de una religión distinta a la católica, excelente. Es congruente.

Si es cierto que el alcalde Marco Cancino no le dio las llaves de la ciudad de San Cristóbal de Las Casas al Papa, excelente. No las fuera a perder.

¿Por qué dárselas a un líder católico, si San Cristóbal de Las Casas no es oficialmente católica ni oficialmente de otra religión?

¿Significa entonces que si viene el líder mundial de los Testigos de Jehová habría que darle las llaves de la ciudad? ¿Cómo iban a sentirse los católicos ante ello?

¿Significa entonces que si viene el líder mundial del mormonismo habría que darle las llaves de la ciudad?

¿Significa entonces que si viene el líder mundial del Bahaísmo habría que darle las llaves de la ciudad?

Entregar las llaves de una ciudad a “alguien” es una distinción honorífica que se otorga por parte de una ciudad a miembros eminentes de una comunidad o a los visitantes ilustres, en diversas partes del mundo. De acuerdo, lo cortés no quita lo valiente.

Pero, igual, ser valiente no implica, necesariamente, ser descortés, y hacer lo que hizo Marco Cancino simplemente es, desde mi personal juicio, negarle una distinción honorífica a quien, para muchas y muchos mexicanos, no se lo merece.

Y no se lo merece porque no es cierto que el Papa viniera como Jefe de Estado, pues nunca habló de negocios, de inversiones, de multilateralismo, sino como líder apostólico a seguir impulsando la religión católica y nuestro país, según la Constitución Política, no tiene ninguna religión oficial.

Y no se lo merece porque en una entrevista con Televisa trató  de convencer al 83 por ciento de mexicanos y mexicanas (católicos) que la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa fue por culpa de Satanás, no del gobierno federal, ni del entonces gobernador de Guerrero, ni de nadie en la Tierra.

Porque, además, si hay que darles las llaves de la ciudad al líder del catolicismo, entonces habría que dárselas también, con el riesgo de que las pierdan en algún lado, al líder del Confucianismo, del Rastafarismo, Totemismo, Zoroastrismo, Yainismo, Yazidismo, Taoísmo, Samaritanismo, Sijismo, Shintoismo, Satanismo, Pastafarismo, Pitagorismo, Orfismo, Neodruidismo, Kemetismo, Etenismo, Dodecateísmo, Celtismo, Neopaganismo, Mandeísmo, Secularismo, Caraísmo, Reformismo, Judaísmo, Jainismo, Sufismo, y mil etcéteras.

Hay muchas religiones en el mundo, cada uno con sus líderes, y, por lo tanto, habría que considerárseles como persona distinguida y merecedora de esa distinción honorífica.

Pero, ¿y qué con quienes somos ateos y ateas? ¿Qué con quienes creemos que todas las religiones se inventaron para quitarles su dinero a los pobres e inocentes creyentes?

Personalmente creo que en un Estado Laico nadie tiene por qué hacer distinciones especiales a ningún líder religioso, pues con ello ofende a quienes no profesen la religión de dicho dirigente, sea porque se decantan por otra religión o por ateísmo, como en mi caso.

Y si fuera parte de algún protocolo oficial entregar las llaves de la ciudad a un líder religioso, a pesar de lo que dice nuestra Constitución, entonces, siendo congruentes, habría que dárselas a todos los líderes mundiales de todas las religiones. Fsur.

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