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Disraelí E. Ángel Cifuentes

Mantener la prohibición de la venta de enervantes, desde la marihuana hasta la que usted guste y mande, genera el mercado negro y el narcotráfico.

La solución, al parecer, es la legalización de los enervantes. Con ella no aumentará su consumo ni el número de narcotizados, enfermos o marihuanos, y en cambio evitará que se eleve su costo a números estratosféricos, por un lado, y por otro también evitará el número de muertos por la dinámica que genera el narcotráfico.

Sin embargo tal cosa no ocurre por varias razones: El narcotráfico es un magnífico negocio para los políticos.

Jorge Chabat, en Letras Libres, lo dijo con propiedad: “La forma en que se relaciona el narco con el Estado es precisamente esta última: la corrupción”.

Más claro ni el agua. Y enlista las formas en que se manifiesta esa corrupción:

“La corrupción tradicional que genera cualquier actividad de crimen organizado es la del policía que voltea la vista hacia otro lado cuando pasa el cargamento de droga, o de armas, o de personas. A diferencia del juego de póker, donde se “paga por ver”, aquí se paga por “no ver”, por mirar para otro lado”.

Es que el gobierno o sus políticos se hagan de la vista gorda. O, mucho mejor, se hagan “ciegos” por voluntad propia. Es más ciego el que no quiere ver que el invidente.

Pero se manifiesta de otras maneras, ahí les va: el narcotraficante paga por no ser detenido. Así lo dice Chabat:

“También se paga para no ser detenido, para en caso de serlo, no ser condenado y, en caso de serlo, poder escapar de la prisión”.

O sea, El Chapo Guzmán ya pagó muchas veces, y mucho dinero, pero específicamente ya pagó dos veces por escapar de la prisión del Antiplano.

Pero, ojo, los narcotraficantes pagan para que les pasen información privilegiada. Otra vez cito a Chabat:

“Se paga también por información sobre posibles operativos policiacos, para poder eludirlos, y también por información sobre “traidores” y sobre las actividades de las bandas competidoras. Incluso se paga para usar al Estado en contra de las bandas competidoras”.

Es decir, siempre el dinero por delante. Y a los políticos les sirve para sus asegurar triunfos electorales.

Lo peor de todo es cuando el Estado se hinca y trabaja, en su conjunto, para el narcotraficante, símbolo de altas cuentas bancarias para los familiares de los políticos o para la mismísima operación política cuando se entrega dinero sin comprobaciones de ningún tipo.

“Más aún, en ocasiones el Estado trabaja para los narcos: no sólo no los persigue sino que les da protección”, dice Jorge Chabat.

No está demás señalar que el pueblo mexicano no sólo se ha sentido en medio de un tiroteo entre bandas de narcotraficantes, sino también ha percibido sus beneficios.

De hecho, el gobierno sabe muy bien que necesita del dinero proveniente del narcotráfico, no sólo para engordar sus bolsillos, sino también para generar empleos.

Todo gracias al mercado negro, porque es éste el que hace encarecer los productos que ofertan nuestros narcotraficantes. Fsur.

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