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Disraelí E. Ángel Angel Cifuentes

“La letra con sangre entra”, es la consigna de la Reforma Educativa del priista Enrique Peña Nieto.

“Los muertos que sean necesarios”, habrá indicado Peña Nieto a su secretario Aurelio Nuño Mayer.

Y ahí van, caminando sus muertos.

El concepto que subyace a la propuesta del gobierno federal es que la culpa de los bajos resultados que genera la Secretaría de Educación Pública en la educación de la niñez mexicana la tienen las y los docentes frente a grupo.

Se limpia de toda responsabilidad al sistema sociopolítico, al sistema educativo, a su gobierno y a la falta de equidad social en el país.

Para Nuño Mayer y Peña Nieto si Junito no aprende es porque su maestro Juno no sabe enseñar. No importa que en el país se reproduzcan muchos millones de Junitos. Su sistema de pensamiento simplista le dicen que si hay muchos alumnos Junitos es porque hay muchos maestros Junos.

Para ese par de políticos, que de educación saben muy poco, en el sistema educativo sólo hay dos variables que atender: el maestro que enseña y el alumno que aprende.

Y como la responsabilidad de enseñar es del maestro, hay que atizarle al maestro. Por algo habría que empezar para enderezar esto, pero si su pensamiento simplista es una metida de pata, la siguiente de utilizar incentivos negativos, o represivos, es una metida de pata peor.

El modelo de la SEP es idéntico al que usan los maestros autoritarios de la Universidad Salazar: dan su clase y de inmediato evalúan al alumno. Si no lo aprendieron, los alumnos que no lo hayan aprendido se quedan sin derecho a examen o con dos puntos menos.

Peor aún, la SEP de Nuño Mayer sólo utiliza el incentivo negativo (un punto a favor de la Salazar).

La evaluación es obligatoria. Y maestro que no pase su examen, castigado, a extraordinario. Y si ahí tampoco, a título de suficiencia. Y si ahí lo mismo, adiós, violando la Ley Federal del Trabajo, en cuyas condiciones laborales no se estipuló semejante medida. Violando, además, el principio de la no retroactividad de las leyes.

¿Por qué no cambian el esquema?

La evaluación que sea opcional, y no sólo evalúe conocimientos, sino también resultados frente a grupo. Quien quiera mejorar sus ingresos, que participe, así obtiene la posibilidad de entrar al sistema de estímulos. Si ahí se detecta que su nivel es bajo, que se capacite, por un lado, y que transforme su metodología de enseñanza, por el otro. En alguno de los dos aspectos va a mejorar, o en ambos, y en la siguiente evaluación, quizá alcance mejores resultados y se gane… ¡un auto!, o sea, un coche nuevo, en lugar de un auto de formal prisión como está sucediendo ahora con quienes se oponen a la evaluación punitiva, porque realmente eso es.

O si en la evaluación opcional resulta que el profesor o profesora son bien chidos, chingones y chipocludos, pues su coche nuevo.

¿Cuántos habrían entrado a la evaluación optativa? ¿Qué no gastan más paga en movilizar policías federales, comprar tanquetas, gases lacrimógenos, volar helicópteros rasantes y pagar publicidad en las televisoras, etcétera?

No más represión en Chiapas. Usen la cabeza, señores Peña y Nuño, cambien esquema, o de asesores. Fsur.

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