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Disraelí E. Ángel Cifuentes

No habría necesidad de esconderse del pueblo. Si nuestro gobernante hiciera las cosas bien o no tan mal.

No habría necesidad de poner vallas metálicas o de láminas. Si nuestro gobernante trabajara con honestidad.

No habría necesidad de utilizar policías y barricadas. Si nuestro gobernante contara con la mínima aprobación en su gestión.

No habría necesidad de utilizar camionetas blindadas y a prueba de balas. Si no cayera en actos grotescos de corrupción.

No habría necesidad de comprar aplausos. Si hubiera algo que aplaudirle al alcalde, diputado, gobernador o presidente.

No habría necesidad de obligar a nadie a asistir a un evento patriótico o político. Si diera gusto ir a verlos trabajar.

Si lo hicieran bien no habría necesidad de condicionar los programas sociales para que sus beneficiarios sean obligados a presentarse a aplaudir o hacer bulto.

Si lo hicieran bien o no tan cagadamente las vivas serían genuinas.

Si lo hicieran bien o por lo menos regular tendrían aplausos de verdad.

El edil, el diputado, el gobernador y el presidente deberían pagarle a un funcionario que les dijera lo jodido de su actuación como gobernantes.

Necesitan una persona que les diga la verdad, no sus colaboradores, secretarios o ayudantes que a diario les llenan de mentiras su despacho para quedar bien y seguir cobrando de la nómina gubernamental.

Que alguien le diga a nuestro gobernante de forma explícita que no sabe gobernar. Que por lo menos pagara a una firma independiente que le diga en que área, renglón o secretaría tiene calificaciones de reprobación.

Y esas áreas con calificaciones de menos cinco sean auditadas por otra firma o despacho auditor que, luego, sean ratificadas por el Órgano de Fiscalización Superior del Congreso del Estado o de la Secretaría de la Función Pública y se proceda conforme a la ley. Urge. Porque esta administración de plano va de mal en peor. Fsur.

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