Compartir
Anunciate con Nosotros
Anunciate con Nosotros

“A mí no me compran con un palito de carnaza para perro”, dije, y mandé a la goma ese “premio” de consolación.

Yo sabía que me lo daban para que no me pusiera triste, pues mi papi humano se iba de mi lado, rumbo a su escuelita, la UDM, a estudiar su licenciatura en leyes.

“Mira, tu perro no quiso el palito de carnaza, está enojado contigo”, escuché que le dijeron, para que se fijara que yo me estaba convirtiendo en un perro infeliz, que sufría la partida de lo que es la mitad de su vida, o su vida entera.

Y, sí, hice a un lado ese “premio”. No me interesa, no me sirve, no me entretiene, no me consuela, no me hace dichoso, no me llena, no nada.

Ah, pero eso sí, la Whoopie fue y levantó mi palito de carnaza para perro que dejé tirado, lleno de tristeza. Y se lo comió. Y hasta pedía más, con su mirada de chocolate, con su lengua de mora, con su cola parlanchina.

“Qué me importa”, dije. Y me fui a rumiar mi soledad, en el sillón que me sirve de cama.

Más tarde me puse a oler el trasero de Whoopie, tan delicioso como siempre. Y así me entretuve con ella, de vez en vez dándole algunas mordiditas.

Más tarde una humana intentó consolarme, a la hora de su desayuno. Comía costillita de puerco, y vi que le daba a Whoopie un huesito grasoso. A mí también me aventó uno, pero otra vez ya andaba con mi “depre”.

Tomé el hueso con mi poderoso hocico, y se lo regresé nuevamente, como el palito de carnaza para perro. Y nuevamente fue Whoopie la aprovechada. Se lo echó.

Y cuando mi papi humano volvió de sus clases, luego de darle miles o cientos de miles de lamiditas, y de lloriquear en su oreja, decidí comer como siempre: sin miramiento de ningún tipo.

Y fue entonces que le dieron la queja: “tu perro despreció el hueso de puerco que le di, lo recibió, lo tuvo en su hocico un instante, y luego lo tiró al piso, como diciendo que nadie lo compra con ningún tipo de hueso, ni de carnaza ni de puerco con grasa”.

Esa fue la historia de ayer, que me dejó abandonado muy largas horas, para mi papi humano sólo son siete horas, para mí son más de cuatro días.

Ahora ya todo pasó, y ya volví a recibir huesitos de carnaza para perro, y a comer huesitos de puerco con grasa, y a comer croquetas en exceso, para sostener esta barriguita que cargo, y todo es felicidad porque estamos juntos nuevamente, humano y can, can y humano, padre y perrhijo.

Y, recuerden, si su mascota se perdió o requiere ayuda de otros humanos, manden un correo a notaselfronterizodelsur@gmail.com para que ahí se convoque más apoyo.

Anunciate con Nosotros