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Ser perro también tiene sus dificultades, y no cualquiera puede ser un buen perro, ni menos educado.

Whoopie, por ejemplo, nunca aprendió a portarse bien en la calle, se va sin rumbo a donde le diga su olfato, aunque la llamen por su nombre. Cuando se escapa, su mami humana o inclusive mi papi tiene que ir por ella, corriendo velozmente, mientras Whoopie huye, pues quiere estar en libertad, haciendo de las suyas.

Pero, en casa, es una lindura, no ladra ni muerde a nadie, sólo la cuestión señalada, de querer escapar permanentemente.

Mi Arenita es distinta, ella se comporta bien dentro y fuera de casa, y es muy risueña con los humanos que la cuidan y aman, pero no aprende “trucos”, por más que le enseñan (no sube escalera, no rueda como leño, no da narizazos, no va por las cosas que le avientan, nada).

Y mi caso es otro, pues yo soy muy obediente dentro y fuera de casa, entiendo muy bien las palabras que dicen los humanos en español, pero tengo mi defectito: muerdo o ladro a todo humano que intente acercarse a mi papi humano.

Eso, a veces, parece divertir a los humanos, en particular a mi papi, pero también le ha traído dificultades por mis mordidas.

Dice el médico veterinario que tengo el síndrome de perro de un solo dueño. Yo digo que es al revés: mi papi humano tiene un solo dueño y el dueño soy yo, y por eso es y debe ser intocable.

¿Qué es eso de que me lo quieran agarrar, abrazar, besar o, peor aún, tirarlo a la cama y abusar de él? No señor, no señora, no humanas queridas. Mi papi es mío y nada más, y yo estoy para cuidarlo.

Y es mío porque yo lo he salvado de cuando se lanza al río, pues me aviento por él para que no se lo lleve el agua, aunque en el intento es el río el que, en venganza, me quiere llevar a mí, aunque no dejo de darle sus mordidas, por muy poderosas que sean sus corrientes.

Y es mío porque, además, le doy miles de lamiditas a cambio de que levante mi caca, seque mi pipí con un trapeador y limpie los sillones de mi pelaje.

Y es mío porque yo lo mantengo despierto cuando maneja su auto durante muy largas horas en la carretera, pues me siento en sus piernas y luego me quito de ahí y me acomodo a su lado como copiloto, y vuelta a colocarme entre él y el volante, siempre para evitar que se cierren sus ojitos cuando maneja, pues si los cierra puede tener un accidente y morir, con lo que nos moriríamos ambos.

Ahí mismo, frente al volante, le pido que me quite mis garrapatas que luego me pinchan mi piel, en particular cuando salimos a la montaña o vamos al río de pesca.

Eso de desgarrapatarme le ayuda a él pues lo distrae mucho y lo mantiene bien despiertito, además de que es muy saludable para mí, por lo que tan pronto arranca alguna garrapata le doy decenas de lamiditas a sus deditos.

En fin, sólo me resta decirles que si se pierden o se enferman mis hermanitos peludos y requieren apoyo, manden sus datos al correo electrónico notaselfronterizodelsur@gmail.com, incluyendo fotografías y números telefónicos, y yo me encargaré de convocar la ayuda de las personas que son amorosas con las mascotas. Y, claro, avísenme en mi Facebook.

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