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“Tengo vida de perro”, dicen algunos humanos, quejándose de la vida que les da su pareja, o su familia, su patrón o patrona.

Ya quisieran tener nuestra vida, que es tan bonita.

Con decirles que hasta mi papi humano me tiene envidia, por mi estilo de vida y el de él, pues mi vida es tan chida, tan tranquila e increíble.

Me dice eso, sobre todo, cuando me encuentra acostado en el piso fresco, para que el calor no me pegue, pues traigo una cobija de pelos permanentemente, y acostarme en el piso es delicioso, aunque esté duro.

Me dice que me envidia, porque yo no tengo que ir a trabajar y soportar gente insoportable, ni tengo que preocuparme por créditos fiscales ni cosa que se le parezca.

Mucho menos tengo que realizar tareas escolares, presentar exámenes académicos o realizar exposición de temas en la universidad o preparatoria ni de ningún nivel.

Mi vida es ladrar cuando pasan intrusos y listo. Si nadie pasa pues me tiendo a dormir.

Claro, también juego con mi Arenita, pues es divertido darnos de mordidas en el pescuezo, y subirme sobre ella y hacerle colofox, aunque no siempre se deje.

¿Y mi comida?  Pues la tengo asegurada, permanentemente encuentro un traste de croquetas y otro de agua, de donde agarro cuando quiero o me cruje el estómago de hambre.

Claro que no me gustan las croquetas pero tampoco es un problema porque me basta darle de narizazos a mi papi humano cuando éste se sienta a comer para que me lance al aire pedacitos de tortillitas.

Y si come costillita de puerco siempre me da los huesitos, con sabor a grasa, y yo me los devoro con devoción, porque no es muy seguido.

Si come carne de gallina de rancho también me toca huesitos, pero sólo los goncitos, o las coyunturas, porque ahí los huesos son suaves y deliciosos. La parte astillosa de los huesos de gallina o res no me la dan, por protección o prevención.

La cosa es que yo la paso bien.

Y también ya me di cuenta que cuando no quiero comer ni croquetas ni tortillas mi papi humano se lanza a un Oxxo a comprarme comida de sobre, y entonces yo lo disfruto, por lo que de vez en cuando dejo de probar cualquier alimento que me ofrezcan y así logro comida de sobre.

Entonces, resumiendo, la vida de perro es muy bonita, pues nos atienden bien bonito los humanos, quienes nos prodigan besos, rascaditas, levantan nuestra caca u limpian nuestra pipí, nos sacan de paseo a la montaña u otros lugares,  y no tenemos por qué desvelarnos. Dormimos de día y de noche, aunque nunca dejamos de ladrar si algún extraño se asoma a la casita o a mi papi humano, quien es intocable, pues yo ataco a mordidas a todo aquel o aquella que ose hacerlo. Mi papi humano es mío y sólo mío. Punto.

Con decirles que ni a sus mujeres le doy chance de que se le acerquen. Y si lo hacen me meto en medio para que se retiren.

Así que vida de perro, qué chida es la vida de perro.

Y, recuerden que si se pierden o se enferman mis hermanitos peludos y requieren apoyo, manden sus datos al correo electróniconotaselfronterizodelsur@gmail.com, incluyendo fotografías y números telefónicos, y yo me encargaré de convocar la ayuda de las personas que son amorosas con las mascotas. Y, claro, avísenme en mi Facebook. Fsur.

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