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Hubieran visto a mi papi humano cómo gritaba ayer por la mañana, cuando vio que yo había subido por una escalera de madera, de la que usan los albañiles para alcanzar a un siguiente nivel o piso.

“Juanitaaa, Juanitaaaa, corre, ven a ver, el Wero Valentín está subiendo la escalera, ven pronto, es increíble, mi perro es genial, apúrate, Juanitaaaa”, se desgañitaba de fea forma.

Tanto escándalo la hizo levantarse a aquella y salió a mirar mi hazaña, aunque más movida por su tío que por mi logro.

Y, claro, rápido, a tomar las fotografías testigo de mi proeza.

Yo, la verdad, simplemente fui a perseguir a mi papi humano porque andaba trabajando como ayudante de albañil, cargando relleno para tapar un hoyo que el vecino abrió para poner su barda.

Llenaba con una pala su bote, lo echaba al hombro y subía por una escalera de madera, apoyado con un pasamanos, amarrado y muy inseguro.

Imposible que yo deje a mi papi humano solito en esas condiciones. A su edad, y con esos trotes, se me puede morir, y si él se muere yo me muero con él.

Entonces, cuando lo vi subir por la dichosa escalera, yo comencé a hacer lo propio. Mi papi ni cuenta se estaba dando cuando vio que yo ya había llegado hasta el penúltimo escalón.

Fue ahí cuando se comenzaron a oír sus gritos de espanto y admiración, y sus llamados para que despertara la Juanita.

Bueno, también debo admitir que después de gritar fue a ayudarme a subir los últimos dos escalones, que ya fue pan comido para mí, porque a esa altura estaba la barda construida y con un brinquito más alcancé tierra firme, donde mi papi humano esperaba.

Ya junto a él le di sus lamiditas de siempre y él me correspondió con unas rascaditas de pansa y un gesto muy bonito: fue por mi Arenita. La tomó en vilo y la subió como sube las piedras o botes de arena que carga todos los días, dizque para hacer ejercicio y estar bien fuertote (de las “ardillas”, quizá).

Entonces, ya los dos perros arriba, comenzamos a jugar, a oler otros “tufos” que antes no habíamos sentido, y la pasamos bien, excepto que otra vez mi papi se alejaba de mí cuando bajaba por más material, pero ya me di cuenta que un par de minutos después volvía a donde estábamos Arenita y yo.

Esa fue la historia de ayer. Y, recuerden, si su mascota se perdió o requiere ayuda de otros humanos, manden un correo a notaselfronterizodelsur@gmail.com para que ahí se convoque más apoyo.

Lamiditas para todas y todos los que me siguen. Fsur.

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